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lunes, 6 de mayo de 2013

Una final casi lógica


No hubo sorpresa. Los resultados de los partidos de ida fueron imposibles de remontar y la final de la Champions será toda alemana. Nuevamente, el enfrentamiento soñado entre el Barcelona  y el Real Madrid quedara para otra ocasión. Sin embargo, la diferencia en la forma en la que ambos conjuntos abandonaron la competición fue sideral.
En el duelo de vuelta Bayern/Barca no hubo historia, no había ni una remota posibilidad para la épica desde el momento que se supo que Messi no estaba para jugar los 90 minutos. Y el partido fue una continuidad del duelo de ida: un Barca que se hacía con la posesión de la pelota pero sin profundidad, ni velocidad para desordenar al Bayern que esperaba atrás, pero apretaba en la zona media cuando la recibían Xavi o Iniesta y, cuando la recuperaba, salía rápido por los extremos y generaba peligro inmediato en la cercanía de Valdés. Cada pérdida del Barca era media ocasión de gol para el Bayern. El conjunto alemán orientó sus avances por la derecha con el tándem Lahm/Muller/Robben, más los apoyos de Schweinsteiger y Martínez.  Y sino pudo sacar petróleo fue sólo por la presencia de un imperial Piqué que, con la inestimable ayuda de Adriano y Song, desbarató tres chances claras de gol y otras tantas aproximaciones.
De la mitad hacia adelante fue la nada absoluta. Javi Martínez, de brillante eliminatoria, culminó su paliza definitiva sobre Iniesta (tal vez, en la peor serie de partidos de su carrera, empequeñecido en un contexto donde debía asumir responsabilidades), a quien asfixió cada vez que recibía la pelota. Schweinsteiger, como siempre, abarcó muchas zonas del campo, presionó sin balón y clarificó cada avance con sus toques. También es digno de admirar el despliegue físico que hacen Muller, Mandzukic, Robben y Ribery para colaborar en la defensa y luego salir disparados como gacelas cuando aparecen los espacios. Por su parte, Villa volvió a ser humillado por otra pareja de centrales de calidad y demostró que no está para estas batallas. El primer tiempo terminó 0-0 por Piqué y el gol de Robben en el segundo terminó de definir algo que ya estaba definido desde el instante que Messi se sentó en el banco. 



El Real Madrid estaba más cerca, por juego y por resultado. Sin embargo, tenía una epopeya por delante. Y, a pesar de que parecía muy lejos hasta el minuto 80, rozó la épica. No hubiera sido justo por el desarrollo de la eliminatoria, pero hubiera sido histórico. Pero el Madrid creyó. Tuvo momentos de gran fútbol, otros de desconcierto pero jamás bajo los brazos. Su arranque fue fulminante, con presión alta, intensidad y velocidad, generado a partir de la capacidad de Ozil, Di María e Higuaín. Hubo 15 minutos de dominio en el que generó 3 posibilidades manifiestas de gol y aproximaciones de peligro. Sólo los reflejos de Weidenfeller y el talento defensivo de Hummels protegieron el 0. El central de la selección alemana venía de un error grosero en la ida y necesitaba una reivindicación. Y vaya que la tuvo. Él sólo fue una muralla. Dominó el juego aéreo, cortó pases, anticipó rivales, los superó en el uno versus uno y, como si fuera poco, sacó la pelota del fondo con precisión y elegancia.
Tras el empujón inicial, el partido cayó en un pozo. El Borussia logró anestesiar el ritmo vertiginoso y redujo a nada el caudal de ocasiones del Madrid en lo que restó de la primera mitad y, en varias réplicas ofensivas, estuvo a sólo un pase de poner a un jugador de frente al arquero. Le faltó la precisión de Gotze, a pesar de que contó con el desequilibrio de Reus. Al Madrid le faltó intensidad y a Cristiano (de muy floja actuación) para superar el bloque defensivo del equipo alemán y careció de variantes para recuperar el juego de los primeros minutos.
En el segundo tiempo, el Borussia sí encontró los espacios que dejó el Madrid en su búsqueda y dispuso de chances claras para definir la eliminatoria, pero la faltó precisión y un poco de suerte. Lewandowski repitió una actuación brillante, bajando mucho a recibir, dándole continuidad a las contras, pero le faltó la contundencia de goleador que le sobró en la ida. Eso, y que está vez lo marcó un brillante Sergio Ramos. Mourinho quemó las naves con los ingresos de Kaká, Benzema y Khedira. Como resultado quedó más expuesto, ya que las coberturas las hacían el alemán y Modric, pero consiguió encerrar al Borussia cerca de su arco y redujo su margen para el contragolpe. Aun así, Diego López tuvo que sacarle un tiro de gol a Gundogan.
Luego del gol de Benzema el partido se rompió. El Madrid, impulsado por el fervor de su público, empujó con todo. El Borussia sintió miedo por primera vez en la eliminatoria y aguantó como pudo. El gol de Ramos parecía un preludio de la épica. Pero una lesión oportuna (o una avivada) demoró en exceso la reanudación del partido y enfrió al Real en los últimos minutos. Lo tuvo una vez más Ramos, pero su frentazo se fue cerca del palo. Merecido triunfo y merecida final para este equipo alemán.
El potencial descomunal del Bayern lo catapulta como el favorito de la final y el equipo a temer en el futuro inmediato. Pero al Borussia de Klopp le queda una última mano por jugar y todo indica que será inolvidable. Se fueron las semifinales y nos quedamos sin el Barca y el Madrid. Poco importa. La final que se nos viene será histórica.

lunes, 29 de abril de 2013

Un finalista y medio



La Champions nos había puesto ante una doble cita maravillosa. Las expectativas eran altos y con mucha razón. Los dos mejores equipos de las mejores ligas del mundo se enfrentaban en las que aparentaban como las dos mejores semifinales en un largo tiempo. Pero el fútbol nos maravilla en igual medida que nos sorprende y, trascurridos los duelos de ida, casi que nos quedamos sin eliminatorias. El Barcelona está prácticamente afuera, a no ser que ocurra un milagro épico en la historia contemporánea del deporte y el Real Madrid está al borde del precipicio y deberá corregir muchas cosas si quiere tener opciones de volver a disputar una final de Champions tras once años de espera.

El Barca fue arrollado por un camión y, por primera vez en cinco años, su hegemonía mundial está severamente cuestionada. No porque haya perdido y ni siquiera por que haya sido superado de esa forma, sino porque el Bayern es un rival con las virtudes suficientes como para arrebatarle el trono. Le falta dar el paso final: la ansiada “orejona” que le fue esquiva en las últimas dos finales. Los dirigidos por Vilanova  no venían en un buen momento y el Bayern desnudó todas esas falencias que fueron disimuladas por que la presencia de Messi compensa muchos de los defectos que un equipo puede tener.

Pero Messi no había estado en más de la mitad de la eliminatoria frente al PSG y se notó. Y tampoco estuvo ayer, a pesar de que salió a la cancha, y sus compañeros no encontraron la manera de compensar su bajón físico. La famosa y equivocadamente peyorativa “Messidependencia” ha trascendido los límites que este equipo debería resistir. Ya no es cuestión de que Messi sea el epicentro de todo, el más decisivo,  sino de que jugadores campeones del mundo (Xavi, Iniesta, Busquets, Pedro, Villa, Fábregas, Piqué) no han sido capaces de dar la cara en momentos de apremio. No estaba Messi y ellos no pudieron o no supieron cómo hacer. Es lógico que el Barca se resienta sin Messi, pero debe hacer todo lo posible para disimularlo.
En las últimas horas se criticó mucho a Vilanova por incluirlo, a pesar de no estar en condiciones. Y las críticas tienen cierta lógica, pero sólo en condiciones normales. Es decir, con un Barca capacitado para jugar frente a uno de los mejores 3 equipos del mundo sin el 10. Y este equipo sin Messi no puede. Seguramente Vilanova sabía muy bien que Messi no estaba en ópticas condiciones, pero también sabía que el equipo respondió muy por debajo de lo esperable cuando Lionel no estuvo en cancha y trató de evitarlo. Aunque sea con la presencia intimidatoria de Messi. No funcionó. A pesar de que su lectura previa del partido fue correcta. 4-3-3 con la defensa más segura de acuerdo a las bajas (Puyol, Mascherano), el histórico triángulo en el medio (Busquets, Xavi, Iniesta), Messi flotando a la espalda de Martínez y Bastian y dos extremos abiertos para contener a los laterales, piezas fundamentales del rompecabezas alemán.

El problema fue, básicamente, que los jugadores no estuvieron a la altura. Messi no se podía ir de nadie, Iniesta no asumió un rol protagónico, Xavi jugó demasiado retrasado y no pesó, y Busquets cometió demasiados errores. La presión en la zona media del Bayern ahogó al Barca que no pudo atravesar esa frontera. Alexis y Pedro quedaron muy aislados y su aporte se limitó a verle el reverso de la camiseta a sus respectivos laterales y no al revés como debería haber sido. Robben y Ribery taparon bien a Alves y Alba, y Javi Martínez asfixio a Iniesta cada vez que recibía, por eso el Barca no fue no fue rápido ni profundo y sólo llegó una vez con peligro en el primer tiempo.  El Bayern no disputó la posesión, como se podía esperar. Pero presionó con intensidad y cuando recuperaba la pelota en tres o cuatro pases llegaba a la periferia del área con peligro, lo que obligó al Barca a cometer demasiadas faltas. Y, por ese medio, el conjunto alemán hizo mucho daño.

En el segundo tiempo, el 2-0 llegó muy rápido y dejó al Barcelona al borde del nocaut. Hubo 10 minutos de pura confusión y desanimó donde no hubo ningún tipo de respuestas. Ahí es cuando el planteo de Vilanova se queda corto, porque su equipo estaba perdido y necesitaba un cambio. A Fábregas para colaborar cerca de la zona de Messi, a Song para reducir el riesgo de los contraataques. Algo. La inacción de Tito lo expone de forma negativa. Su equipo lo necesitaba y él no tuvo visión o valentía para intentar alguna variante.
Lo que restó fue mucho más lógico. Un Barca sin gran capacidad de defensiva en la mitad y con la cancha inclinada hacia adelante, dejaba muchos espacios para los velocistas del Bayern. Sin embargo, se acercó con peligro durante un rato, merodeó el gol, pero la última movida de Heynckes fue ganadora y enterró cualquiera atisbo de reacción. Taponó el centro del campo con Luis Gustavo y liberó a Muller para haga más daño. El resultado fue perfecto: el Barca ya no generó más peligro, al margen de alguna pelota parada aislada y el Bayern fue un vendaval de llegadas. Resultado lógico y justo. 

viernes, 19 de abril de 2013

¿A qué juega Racing?



Ya pasaron 19 fechas del Torneo Inicial, 9 del Torneo Final y una de las preguntas más recurrentes que atraviesan el fútbol argentino es: ¿A que juega Racing? ¿Es defensivo? ¿O ofensivo? En principio, se puede afirmar que no tiene una identidad definida en un sentido que se refiera a imponer un estilo sin que importe el rival que este enfrente. El equipo dirigido por Zubeldía ha tenido partidos de marcado repliegue defensivo y otros de mayor ritmo y verticalidad, propiciados por la velocidad de sus hombres de ataque. Y en otros (en los que peor jugó) directamente mostró una indefinición en su intención que le costaron valiosos puntos (Independiente, River).
Sin embargo, se pueden afirmar dos cuestiones: Racing se siente mucho más cómodo cuando tiene espacios para contragolpear. Situación que (naturalmente) maneja mejor cuando está arriba en el marcador y el rival tiene la obligación de adelantarse en el campo y asumir mayores riesgos.
La otra cuestión es que Racing no juega bien cuando tiene la pelota y debe moverla con el fin de desorganizar al contrario. El equipo no tiene fluidez en esa faceta del juego. No porque le falten jugadores aptos para tocar o para superar rivales mediante la gambeta (que los tiene), sino porque carece de algunos mecanismos básicos para desarmar un bloque defensivo, como abrir el juego hacia las bandas para estirar la defensa rival y generar huecos en el centro. O ubicar jugadores en el área y en su periferia para poder utilizar el centro o el pase hacia atrás. Los jugadores en el borde del área pueden patear de larga distancia o capturar los rebotes para prolongar el ataque.
Racing no domina ninguno de estos registros. Los dos partidos de la temporada frente a Belgrano son un claro ejemplo. Especialmente el que se disputo en Córdoba, donde Racing jugó 11 contra 9 durante más de media hora y no dispuso de ninguna ocasión clara. Además, Zubeldía tampoco ha mostrado mucha capacidad para corregir el rumbo de un partido desfavorable, ya sea mediante un cambio o alguna variante en el sistema. Es decir, que cuando el equipo está perdiendo o no encuentra los caminos para superar al rival, el técnico no resuelve los problemas. El principal ejemplo de esto fue la final de la Copa Argentina frente a Boca, donde el equipo estaba perdiendo 2-0 y Zubeldía terminó el partido con cuatro delanteros (Viola, Sand, Cámpora y Hauche) y un mediapunta (Fariña). La consecuencia lógica fue un equipo totalmente desequilibrado, sin mediocampistas que asistan a los atacantes y que, al mismo tiempo, puedan contener los contragolpes de Boca.
La constante variación de esquemas no ayuda a que el equipo tenga una identidad definida. Si bien es cierto que el sistema no define la idea rectora, en el caso de Racing las distintas alternativas usadas revelan intenciones opuestas, de acuerdo al rival o a la circunstancia. Las modificaciones incluyen una línea defensiva que osciló (a lo largo de la temporada) entre tres, cuatro o cinco defensores. El mediocampo, en general, estaba compuesto por cuatro o cinco jugadores. Y en la delantera la constante fueron dos atacantes, aunque en alguna ocasión el equipo jugó con un solo hombre de punta.
Una de las pocas constantes que tuvo el equipo en la temporada fue el doble 5. Durante el Torneo Inicial la dupla que se consolidó fue Pelletieri/Zuculini. Con el primero como eje, siempre por detrás de la línea de la pelota y el segundo colaborando en la marca, pero siendo un apoyo en ofensiva. Sin embargo, la llegada de Bolatti y el bajo nivel del ex jugador de Lanús, le dieron la titularidad al nuevo refuerzo y esto obligó a rearmar el “dibujo”. Tras algunos partidos de prueba en las que Zubeldía priorizó el doble 5 (incluso el triple 5 frente a Lanús), probó frente a San Lorenzo un 4-1-4-1 similar al que utiliza Martino en Newell´s y Bolatti fue uno de los principales beneficiados, ya que la zona central del mediocampo le perteneció por completo. Recibía siempre de frente las descargas de los hombres más adelantados y abría hacia las bandas sin que ningún compañero le obstruya el recorrido del pase. Y como estuvo preciso en el corte, redondeó un partido perfecto. Y el resto también estuvo a tono.
Hubo desajustes defensivos que obligaron a Saja a revolcarse varias veces por el piso. Pero, en líneas generales, el equipo defendió bien y llegó con mucha frecuencia al arco de San Lorenzo (al margen de los cuatro goles). Sólo falta saber si este Racing puede sostener un rendimiento similar o si, por el contrario, vuelve a padecer de ciclotimia.

Matías Roselló